Bajan y suben callecitas angostas
caprichos natos de las alturas.
Entre sus sinuosos empedrados
arriba y abajo las casas se ocultan,
y asoma la verde fronda tupida.
Sus contornos, la lluvia acaricia.
Por los techos chorrillos se deslizan.
Brotan los turquesas, el brillo palpita,
en cada rincón la magia despierta.
Los quetzales sus pinceles ocultan,
derramando el azul de sus plumas.
Envuelta en la espesa y suave bruma
una nativa camina lenta y se esfuma.
Fascinante y bello pueblo Cuetzalan
seduces mis sentidos en dulce afán.
©Estela Foderé
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