lunes, 29 de mayo de 2017

Paz entre dos ríos




De la tierra entrerriana salí,
cruzando Argentina entera.
Con mi bagaje de libros
a hacer patria como maestra.
Abandoné el dulce aroma
del espinillo en flor;
para bañarme en la calma
de los efluvios de lavanda.
Traje del río Uruguay su cielo,
y con el lago azul lo fundí 
del majestuoso Nahuel Huapi.
En esta Patagonia indómita,
muy al sur del río Negro
donde el viento siempre sopla,
conocí la férrea hermandad,
entre los pueblos originarios
con los inmigrantes visionarios
que a esta tierra llegaron.
Sin maletas ni equipajes,
sólo el pico y la pala,
para transformar la estepa
en glorioso vergel de frutales.
Diferentes idiomas y costumbres
no fueron muros que se imponían:
fueron puentes de paz y armonía.
Italianos, israelitas y mapuches,
árabes, españoles y tehuelches,
toda raza entrelazada
frente al frío, la nieve, la helada.
La cordillera nunca fue una barrera,
si no una cuna hecha de montañas,
que abriga al expatriado
junto al gaucho argentino, 
enlazando a Chile, el país hermano.
Con el mate en la boca
y de la bombilla su beso tibio, 
en mi corazón se enlaza
la sangre entrerriana,
con esta tierra de pehuenes
bajo un mismo cielo azul.
He encontrado la paz y hermandad
que para el mundo entero ansío.
©Estela Foderé
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