No golpees mi ventana.
No interrumpas mi silencio.
Déjame sola con mi alma,
que yo no quiero tu aprecio.
Ya no gimas como el viento,
penetrando por la hendija.
Retirate ya. Mi herida
está serena y dormida.
Márchate muy lejos pronto.
Quiero estar tranquila y sola.
Corre veloz al desierto.
Desvanece ya tu intento.
La noche cae callada,
y tibia está mi almohada.
Déjame soñar esta hora,
con una ilusión dorada.
Autor: Estela Foderé
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