viernes, 21 de julio de 2017

Anochecer invernal


Ya encienden los candiles

en el anochecer invernal,

y en bandada las zorzales

buscan cobijo en el nogal.

 

Pálida se asoma la luna,

abrigada de nuboso chal.

El sol escondido en su cuna

bosteza en su palacio sideral.

   ©Estela Foderé

 


lunes, 29 de mayo de 2017

Paz entre dos ríos




De la tierra entrerriana salí,
cruzando Argentina entera.
Con mi bagaje de libros
a hacer patria como maestra.
Abandoné el dulce aroma
del espinillo en flor;
para bañarme en la calma
de los efluvios de lavanda.
Traje del río Uruguay su cielo,
y con el lago azul lo fundí 
del majestuoso Nahuel Huapi.
En esta Patagonia indómita,
muy al sur del río Negro
donde el viento siempre sopla,
conocí la férrea hermandad,
entre los pueblos originarios
con los inmigrantes visionarios
que a esta tierra llegaron.
Sin maletas ni equipajes,
sólo el pico y la pala,
para transformar la estepa
en glorioso vergel de frutales.
Diferentes idiomas y costumbres
no fueron muros que se imponían:
fueron puentes de paz y armonía.
Italianos, israelitas y mapuches,
árabes, españoles y tehuelches,
toda raza entrelazada
frente al frío, la nieve, la helada.
La cordillera nunca fue una barrera,
si no una cuna hecha de montañas,
que abriga al expatriado
junto al gaucho argentino, 
enlazando a Chile, el país hermano.
Con el mate en la boca
y de la bombilla su beso tibio, 
en mi corazón se enlaza
la sangre entrerriana,
con esta tierra de pehuenes
bajo un mismo cielo azul.
He encontrado la paz y hermandad
que para el mundo entero ansío.
©Estela Foderé
Derechos reservados

domingo, 15 de enero de 2017

Ondinas en mi estanque


- ¿Por qué lloras? 
Veo lágrimas rodar por tu cara,
la mirada perdida en  éxtasis,
mas, no hay rictus de amargura.

- ¿Por qué lloras?
- Porque nadan azulinas ondinas, 
en mi laguna de lágrimas
y se bañan de las manos enlazadas.

Al emerger, sus cabellos flotantes
se adornaron de pétalos radiantes.
Coronadas de nenúfares azules,
en cortejo juegan con mis nostalgias. 

Aquellas, que en mis profundidades,
encerré en los baúles de mi alberca. 
Allí albergan mis cruces y pesares
en diáfanas burbujas envueltas.

Nadando mis ondinas en séquitos,
desbordan la fuente de mis recuerdos.
De mis ojos brotan lágrimas de plata
en pequeñas gotas de penas y alegrías.

Aquellas que en un día lejano 
atrapé y envolví en burbujas,
y en el fondo del estanque
las dejé muy bien guardadas.

Mis ojos ya quedan liberados,
limpio el camino de mi mirada.
¿Ves? Ya no lloro. Miro las ondinas
que juegan  con mis recuerdos
atrapados en el fondo de mi alma.
      
©Estela Foderé
Todos los derechos reservados


lunes, 9 de enero de 2017

Cuando un niño descubre la magia de las palabras


Cansados de tanto correr y jugar,
no hemos detenido para descansar.
Mi hermano que un libro traía,
en voz alta escuché que leía. 

Aún soy pequeña y no lo sé hacer.
Me gustan, si dibujos tienen:
castillos, princesas, me entretienen.
Los demás aburren, no sé leer.

Curiosa por lo que escuchaba,
me senté a su lado, apretujada.
Duendes saltaron de las palabras,
entre las rocas se acurrucaban.

Hadas transparentes y aladas,
en el follaje se hamacaban.
Cantaba el arroyo la melodía,
que un alegre elfo componía.

Volaron las mágicas varas,
se encendían entre las ramas.
Con el resplandor del sol,
brillaban como un farol.

Jamás me había divertido tanto,
porque entré a un mundo mágico.
Cuando yo sea grande, pensé:
una escritora para chicos seré.

Que en todo el mundo los niños,
y lo pienso con mucho cariño,
puedan estudiar y aprender. 
Que ninguno haya, sin saber leer.
©Estela Foderé