Posado en el árbol añoso,
luces tu porte cardenal amarillo.
¿Qué nos dices pajarillo
con tu cantar armonioso?
Repica tu dulce estribillo,
revoloteando glamoroso.
Entre el florido zarcillo,
ostentas tu copete vistoso.
Por el patio tañe tu sonetillo.
Y, en éxtasis delicioso,
¡Oh cardenal amarillo!
se te atisba con silencio glorioso.
Con tu gorjeo tan precioso
colmas de alegría la casa colonial.
No te alejes. Tu cantar amoroso
es júbilo sublime, amado cardenal.
©Estela Foderé
¡Qué dulzura despliegas en tu poema!
ResponderEliminarSeñora Foderé, sus versos son sublimes.
La felicito. Mis saludos. María Baltoré
Muy agradecida por tu lindo comentario María.
EliminarTe saludo con alegría
Las aves que llegan a cantar en una casa anuncian buenas vibras. Me encantó leerte Estela. Besos de Adrián
ResponderEliminarGracias Adrián. Besos
ResponderEliminar