No digas que me amas
ni hables de sueños
dormidos.
No quiero oír tu voz
que clama
suavemente a mis
oídos.
Muchos años ya han
pasado,
ya tú ni yo somos los
mismos.
Deja sólo tu recuerdo
en mi mente
con aquel mechón rubio
en tu frente,
y la lejana risa bullanguera
de la juventud ya postrera.
Deja tus sueños
dormidos…
¿No ves que ya no somos
aquellos
cuando adolescentes nos
conocimos?
Deja que este corazón
mío
lata solo en mi
silencio,
nunca más en la
distancia
ni en el pasado inmerso.
Que con gracia hoy palpite
con lo que a mis pies tengo.
Estela Foderé
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